21 de febrero de 2009

Homenaje de Alberto Valencia a Victor Raul Haya de la Torre



APOTEOSIS DEL VERBO


Para Víctor Raúl en el Día de la Fraternidad (1960)



I

Desde hace muchos siglos
las aves y los hombres buscaron tu presencia
en los desfiladeros donde amanece el viento,
y en el fondo del mar.

Te buscaron a tientas en los ríos perdidos
en las albas proscritas
en los lagos siniestros
sin poder encontrarte.

En el mundo sin Dios de aquellos días,
cansada de tantos esfuerzos inútiles,
también la historia te buscó entre las anémonas,
igual que la Prehistoria
(que es un duende risueño que vive en las cavernas).

Te buscaron por siglos los pueblos ignorados.
Te buscaron absortas las razas insepultas.
Te buscaron furiosas las jóvenes anémicas
llevando como amiga la gris preocupación.

En el mundo sin Dios de aquellos días
la muerte no era el miedo a las aves malignas,
La oración del maldito era un trozo de fuego
y a la orilla espantable de los siglos difuntos encontré
la palabra.
¡Un millón de pañuelos anunciaron el alba!



II

La sangre sin compuertas
cruzó nuestro sendero.
Arévalo pintaba el patíbulo con flores
y en su tumba escribía:
«el destino ha prohibido morir en primavera».
Un eléctrico miedo de tambores morados
nos cayó de repente como una amarga pena
¿Cuántas veces al alba la muerte sin orejas
nos señaló el camino?
¿Cuántas veces de noche con huesos y con flautas
fabricamos las cruces de los muertos recientes?

Y esperamos el día,
y esperamos la noche,
y encontramos la luz.

Bajo un cúmulo de muertos sin estrellas,
en el bosque sonoro donde duermen los vientos,
lucero de su propia luz,
timbre dormido, esperanza sin luna,
relámpago y aurora
yacía la palabra.



III

Marchemos compañeros,
Han llegado esta noche los viejos y los jóvenes.
Los que no conocieron el pan de las ergástulas
y aquellos para quienes
el miedo es un fantasma rodeado de alcanfores.
Marchemos compañeros, que vendrán esta noche
de distintas regiones
los hombres para quienes el día es un milagro.
Del sur, del norte, de las estaciones
de las altas tierras donde los pensamientos
perforan la estratosfera.

Ya vienen los marineros de los días dolientes
trayéndonos la brisa de extraños continentes
y de la negra noche vendrán los flagelados
con la sangre caliente trocada en alacranes.

Vendrán los habitantes de los sueños perdidos
los mineros, los sastres, los choferes, los maestros,
también los periodistas y los estibadores
y entre ellos pensativo vendrá Manuel Seoane
cargando solitario su fardo de injusticias.



IV

Ya partió para siempre la estación de las dudas
y los frutos amargos.
Cantemos compañeros que entre los estandartes
desfila Juan Mac Lean con su sombra benigna.
Mac Lean ha muerto una tarde de mil muertes distintas
cuando la primavera le pesaba en el alma
como un pecado leve.
Desde imprentas remotas vendrá Perico Chavéz
de su áspera comarca de fiebre y de tristeza.
También Lucho Negreiros
dormido dulcemente como un niño entre ancianos
y Amador Ríos Idiáquez con su muerte sin miedo.
Y vendrá Cerna Valdivia con Celso Albinagorta
desde el mundo temible de los decapitados
trayendo la bandera de días olvidados
la brisa de otros tiempos,
los amores perdidos,
la primera prisión.



V

Compañeros: silencio.
La aurora se acerca por techos vecinos
es amiga del pueblo
porque vive a la orilla de todos los caminos.

Ha llegado el momento
(la palabra se enciende);
para marchar insomne por las calles inmensas
se ha despoblado el tiempo;
(la palabra fulgura)
cantemos en las calles que vestida de pueblo
desfilará cojeando la propia eternidad.
Ha llegado la hora
(la voz hace centella).
Copemos la estatura. Arévalo está vivo.
Con Phillips y Seoane, con Orrego y Mac Lean
ha llegado un puñado de muertas primaveras
sin patria y sin aurora
(la palabra es blanca).
Las pálidas musas de un mundo ignorado
parece que tocan las puertas del alba
(la palabra estalla).

Llevando en su vientre un tesoro funesto
los pálidos duendes siniestros se encorvan
(la palabra es dura).

Cantemos alegres los viejos combates,
las nuevas hazañas, los viejos dolores
(la palabra es triste).

Que nadie recuerde las negras prisiones
Pues Dios es un viejo que todos los días
conversa en las tardes
de Filosofía
(la palabra estalla).

Miles de palomas,
almas extraviadas en la madrugada
inundan el cielo con broncos aplausos
que van alejándose hasta los confines
de una nueva historia.

¡La palabra es blanca y es voz y esperanza,
que anuncia el mañana!



VI

¡Esta noche marchemos!
Vendrán los que vendrán,
los que están en el suspiro de los enamorados,
los que hablarán mañana
por extraños teléfonos
con la estrella lejana,
los técnicos, los poetas,
y los dioses cobrizos de la revolución.
Vendrán porque ha sonado
la hora de la transformación.

2 de febrero de 2009

El Papa del Pan y Libertad y Haya de la Torre



Por Luis Alberto Guerrero


Si conocer al Papa y darle la mano es el sueño de la vida de muchas personas, para Carlos Roca Cáceres, ex parlamentario aprista que tuvo el privilegio de estar con Juan Pablo II en 15 audiencias oficiales (cuatro de ellas en compañía de Alan García), es realmente un imborrable recuerdo de vida. Sumamente dolido por la desaparición del Pontífice, Roca accedió anteanoche a exhumar sus recuerdos y sus gruesos álbumes de fotos y pintarnos una visión testimonial de un Papa que a su juicio ha sido el más grande del Siglo XX y que se caracterizó por la defensa de la libertad y el derecho al pan de los más pobres. Carlos Roca tiene peculiaridades que hacen notable su testimonio. Es tan apasionado de los temas pontificios que, por ejemplo, se propuso recibir el cambio del milenio en la Plaza de San Pedro. El 31 de Diciembre de 1999 estuvo allí, y contempló al Papa asomado a la ventana del Palacio Pontificio, al igual que otras tantas veces que hacen pasar de treinta las ocasiones en que ha estado en la Plaza de San Pedro recibiendo la bendición papal. En la entrevista que nos concedió, recordó que Víctor Raúl Haya de la Torre era también un asiduo visitante de la Basílica de San Pedro y que, siguiendo su ejemplo, él considera que en el mundo hay solo tres ciudades históricas: Jerusalén, Atenas y Roma. En la entrevista Roca recordó que Juan Pablo II fue el Papa que planteó la condonación de la deuda externa que agobia a los países pobres, pidiendo a los países ricos que no la cobren. En esto fue más radical a lo que 15 años antes había planteado Alan García, condonar la deuda para dedicar los recursos a solucionar los problemas de la pobreza.

Luis Alberto Guerrero.- Dr. Roca, Ud. ha sido uno de los peruanos que ha tenido el privilegio de tener frente a frente al Papa Juan Pablo II en múltiples oportunidades, en su función de parlamentario por muchos años en nuestro país. ¿Qué sentimiento le produce su deceso? Carlos Roca.- Yo he sentido una profunda emoción todos estos días, no solamente siguiendo de cerca la enfermedad del Santo Padre sino cuando anunciaron su fallecimiento me he sentido profundamente conmovido. Para mí el Santo Padre era y sigue siendo una de las grandes figuras de la historia que a mí me tocó felizmente conocer.


LAG.- ¿Cuántas veces estuvo Ud. frente al Papa? CR.- He tenido el privilegio de estar con el Santo Padre muchas veces: he estado cuatro veces en audiencia privada acompañando al c. Alan García, y otras 11 veces en audiencias públicas tanto en la Plaza de San Pedro como en la Sala Paulo VI del Palacio Pontificio. En todas aquellas ocasiones tuve la oportunidad de estrechar la mano del Santo Padre, expresarle los sentimientos de gratitud de los peruanos frente a lo que él ha significado no solamente para los católicos, para quienes profesamos la fe católica, sino para todos aquellos que creemos en la paz y en la necesidad de la reconciliación entre todos los hombres de buena voluntad.


LAG.- ¿Qué se percibe en ocasiones tan significativas? CR.- Yo he sido afortunado, pienso, y además como era parlamentario he tenido ocasión de viajar muchas veces a Europa y siempre he ido a Italia y a Roma especialmente para tener estos encuentros que eran breves pero profundamente significativos. Yo le puedo confesar que cada vez que le estrechaba la mano al Santo Padre me sentía completamente impactado por su personalidad carismática. Era un hombre que transmitía vitalidad, fortaleza, símbolo de una fe inquebrantable que es la realmente mueve al mundo.


LAG.- ¿Cómo cree Ud. que recordaremos a Juan Pablo II? CR.- Creo que este Papa pasará a la historia como uno de los grandes pontífices de la Iglesia, pero sobre todo como un hombre que supo entregar su vida completamente al servicio de los demás.
LAG.- ¿Qué cree Ud. que caracterizó su labor pontifical? CR.- Este peregrinaje permanente del Papa por todos los continentes, esta vocación suya por encontrarse con las multitudes para transmitir el mensaje de Cristo, que es fundamentalmente un mensaje de amor y de paz, este deseo de tomar contacto con los jóvenes para enseñarles el camino de la justicia y de la libertad…. Yo creo que el Papa ha cumplido un rol importantísimo en el siglo XX.

LAG.- En lo personal, que sabor le deja su partida…? CR.- Yo puedo decir que he tenido la fortuna de conocer al hombre más importante en el mundo en el Siglo XX: Juan Pablo II y al hombre más importante en el Siglo XX del Perú que fue Haya de la Torre.


LAG.- ¿Por qué admiraba a Juan Pablo II? CR.- Creo que mi devoción por el Santo Padre se debe a que siempre yo consideré que era un hombre de fe, un hombre que defendía sus principios. Era un hombre que trasmitía el mensaje sin hacerle concesiones a nadie, porque sabía que era depositario de una verdad que era la Verdad de Cristo. Muchas veces he escuchado decir que este era un Papa conservador, que era un Papa que no tenía cierta tolerancia frente a la modernidad de este mundo que cada vez se hace más laico, pero que lamentablemente se aleja de Dios, y yo siempre decía que no se le puede pedir al Santo Padre que traicione los sagrados principios de la fe cristiana. Al Papa no se le puede pedir que defienda el aborto mientras nosotros defendemos la vida; al Papa no se le puede pedir que apoye el divorcio, porque él va a defender siempre la unidad familiar; al Papa no se le puede pedir muchas cosas porque él supo defender los principios cristianos y lo hizo con una sinceridad y una transparencia increíbles.


LAG.-Tuvo también un accionar político ¿no es así? CR.- Ciertamente. Su vocación de libertad y su posición anti totalitaria lo llevó a ser uno de los grandes artífices de la caída del mundo comunista. El, que había sufrido en carne propia no solo la persecución nazi sino la persecución comunista, sabía muy bien el valor de la libertad, y por lo tanto él luchó infatigablemente porque en Europa se restableciera la libertad y estoy absolutamente seguro que sin la figura de Juan Pablo II no hubiera caído el Muro de Berlín ni hubiera terminado esta experiencia desviada del totalitarismo comunista, que era la negación del socialismo, que no se entiende sin la libertad. Por esa razón yo creo que el Santo padre pasará a la historia no solamente como he dicho como el gran defensor de la fe cristiana y de los valores morales del catolicismo, sino también como el hombre que fue gran defensor de los principios de la libertad como también de la justicia social. No nos olvidemos que este magisterio del Pontífice ha sido un magisterio en defensa de los pobres, en defensa de los sectores más oprimidos de nuestras sociedades, que viven, como él lo dijo, bajo el sistema del capitalismo salvaje. No hay que olvidar que este Santo Padre a través de sus encíclicas, de sus discursos, de sus intervenciones que ha tenido en todo el mundo, en el llamado Tercer Mundo, o cuando vino también a América Latina, insistió en el tema de la justicia social.


LAG.- Y su mensaje en Villa El Salvador… CR.- Aquí en Villa El Salvador habló del hambre de Pan, y eso me hacía recordar nuestro viejo lema “Pan y Libertad”. El lema nuestro, el lema de Haya de la Torre de Pan y Libertad, ha sido ese lema del Papa: Pan y Libertad. En Villa El Salvador lo reiteró: “tenemos hambre de Dios, pero hay también hambre de pan, y hay que resolver el problema del pan, y además el problema de la libertad”.


LAG.- Fue un hombre que marcó la historia de su tiempo… CR.- Yo creo que en ese sentido el Papa ha sido un hombre que ha marcado la historia. Yo me siento afortunado, privilegiado cada vez que lo recuerdo, y le digo que en estos días he estado al borde de las lágrimas, cada vez que contemplando la televisión veía al Santo Padre. Pero hay algo más que quiero recalcar: ha sido un ejemplo frente al sufrimiento, frente al dolor: un hombre afectado por los males, desde que atentaron contra él en mayo de 1981; un hombre que ha pasado semanas en el hospital dando un ejemplo de lo que puede significar el coraje frente a la enfermedad, frente al dolor; un hombre que sabido sobreponerse a su mal de Parkinson, a su artrosis, a sus males físicos; yo le confieso que los ojos se me llenaron de lágrimas frente a la imagen patética del Papa, la última imagen en la ventana del Palacio Pontificio, cuando quiso hablar, quiso bendecir y no pudo, pero realmente hacía un esfuerzo sobrehumano hasta el último momento… por eso yo no entendía bien a quienes especulaban que el Papa debe renunciar: cuando uno asume un magisterio, un apostolado como asumió él, no hay renuncias, uno lucha hasta la muerte, hasta el último suspiro, y yo creo que esa imagen del Santo Padre, adolorido, con la traqueotomía, imposibilitado de hablar; este hombre que había conquistado al mundo con su palabra, uno de los grandes oradores religiosos que la Iglesia ha tenido en su historia, y que al final termine no pudiendo hablar… se hablaba del Papa del silencio en estos últimos días antes de su muerte… pero yo decía que ha sido un ejemplo de cómo el hombre se puede sobreponer al dolor, al sufrimiento, a la enfermedad, esperar con paciencia, con serenidad, el tránsito hacia la eternidad…
LAG.- Lo siento y lo veo realmente compungido Dr. Roca… CR.- A mí me ha conmovido tremendamente la muerte del Papa, lo he seguido de cerca estos días, y lo sigo; estoy todos estos días solamente viendo la televisión, siguiendo de cerca al Papa…¡Cómo me hubiera gustado estar en Roma en estos días para poderlo acompañar, para poder estar en la Plaza de San Pedro como tantas veces estuve. Si algo voy a recordar toda mi vida fue que recibí el Nuevo Milenio en la Plaza de San Pedro, y que la medianoche del 31 de Diciembre de 1999 yo estuve allí y pude contemplar al Santo Padre cuando las campanas se echaron al vuelo y los fuegos artifíciales anunciaban la llegada del año 2000. Era un viejo sueño que yo tenía: estar al lado del Papa, y estuve en medio de los miles de peregrinos que llegamos para el Jubileo; días antes había estado en la Plaza de San Pedro cuando abrió la Puerta Santa, y miren, yo soy católico, lo soy por tradición familiar, en este hogar siempre se respiró una devoción por la Iglesia, por la Santísima Virgen, yo tengo una tía religiosa, hermana de mi madre, que es monja esclavista del Sagrado Corazón, fui educado en un colegio religioso, el Colegio de La Salle, a los hermanos de La Salle les debo mi formación religiosa, y de no haber conocido quizás a Haya de la Torre y de haberme entusiasmado por el aprismo y el haberme consagrado al Partido como lo hago, yo realmente quizás hubiera descubierto una vocación religiosa, y por esa razón es que yo me he expresado devotamente frente a los papas: conocí al Papa Paulo VI cuando era estudiante en Italia en 1965, y con quien estuve en una audiencia que concedió a estudiantes universitarios latinoamericanos y de otros países del mundo en Roma; pero luego a quien más pude tratar con el afecto directo en estas tantas veces que estuve con él fue a Juan Pablo II.

LAG.- Recién entiendo su pasión por el tema… CR.- Por eso es que a mí me quedará eternamente imborrable el recuerdo de esta gran Papa. Yo estoy de acuerdo en que se le llame Juan Pablo II El Grande, porque realmente su magisterio, su apostolado, su vocación de servicio, creo que va a perdurar.


LAG.- ¿Y en cuanto al nuevo Papa? CR.- Ahora hay tantas especulaciones respecto a quien será el nuevo papa, incluso se habla de las profecías de San Malaquías, se habla de que el que elijan ahora sería el penúltimo Papa y que después vendría el fin del mundo. Yo no creo en estas cosas, creo en que Jesús dijo que El estaría con nosotros hasta la consumación de los siglos, creo que esta Iglesia nuestra, la Iglesia de Pedro, la Iglesia Católica, subsistirá a todo y ojalá el nuevo Papa esté en la línea de Juan Pablo II y continúe este camino. Va a ser difícil pero yo confío en el Espíritu Santo… que será el que ilumine a los cardenales reunidos en el cónclave para que sepan escoger. Ojalá sea un Papa bondadoso, generoso, como ha sido Juan Pablo II. Ojalá que sea un Papa que defienda los valores de la Justicia Social y de la Libertad como lo hizo Juan Pablo II y que sobre todo nos devuelva la ilusión de que es posible tener un mundo en paz. Justamente la primera vez que yo vi. al Santo Padre fue retornando de un viaje a Líbano, cuando visité los campos de refugiados palestinos y pude conocer también a Yasser Arafat. Yo creo que la paz en el mundo es un don que tenemos que conquistar, de alguna manera también con nuestro esfuerzo y colaboración, y este Papa luchó por la paz y la mayor parte de sus viajes estuvieron orientados a llevar a paz, un mensaje de reconciliación entre los hombres. No nos olvidemos que él se opuso a la Guerra de Irak y condenó abiertamente que se violara los derechos humanos en varios lugares del mundo, y creo que en ese sentido el Papa será recordado por todos. Me ha conmovido ver en estos días a Fidel Castro, también él evocando a la figura de Juan Pablo II. Este Fidel que es un líder latinoamericano que lamentablemente desvió el camino de la revolución, porque le dio a su pueblo pan pero le negó la libertad. Yo creo que la visita del Santo Padre a Cuba fue un hecho histórico, porque ahí tuvo el coraje de reclamar por el derecho de los perseguidos, de los detenidos, por la libertad de conciencia, la libertad de religión, por el derecho de todos de predicar la fe en que uno crea. Estoy seguro que el pueblo cubano que tanta devoción tiene por la Virgen de la Caridad del Cobre, lo recordará por siempre, como nosotros los peruanos que recordaremos esas dos visitas del año 85 y del año 88. Hasta ahora tengo el sonido de la canción del Papa: Juan Pablo Peregrino, que entonamos en esas jornadas hermosas cuando el Papa estuvo con nosotros, y cuando tuve ocasión también de verlo, en el Salón de la Paz a invitación del Presidente Belaunde, y luego posteriormente cuando tuve la fortuna de poder estrechar nuevamente la mano del Santo Padre en al Salón Dorado junto con Alan García, cuando el Presidente García tuvo la fraterna deferencia de hacerme ingresar al Salón Dorado en el momento en que el Papa estaba solamente reunido con su familia y me agarró del brazo el Presidente, me llevó ante el santo Padre y le dijo: “aquí está Carlos Roca que es como mi hermano”, y eso no lo voy a olvidar nunca, ese gesto del Presidente García; y luego el Santo Padre, que me veía a menudo, cuando iba a Roma, y que siempre le trasmitía los saludos de Alan, de los compañeros y del pueblo peruano.

CON VÍCTOR RAÚL EN ROMA

LAG.- Ud. le obsequió dos libros al Papa… CR.- Yo tuve la ocasión de regalarle al Santo Padre la biografía de Haya de la Torre escrita por Luis Alberto Sánchez, y otra vez también me atreví a regalarle “El Antiimperialismo y el Apra” que es la obra fundamental de Haya de la Torre, y lo hice porque lo veía tan interesado en los problemas latinoamericanos, de la lucha por la independencia y por la prosperidad de los pueblos, que era preciso que tuviera en sus manos la biografía de un hombre como Haya de la Torre que había luchado por sus mismos ideales, y una obra tan importante como el Antiimperialismo y el Apra que todos los apristas reconocemos que es una obra que debemos tener en cuenta para seguir luchando por los grandes principios de la libertad y de la justicia.


LAG.- Sus emociones han volado ahora hacia Víctor Raúl… CR.- Yo espero que los compañeros de La Tribuna comprendan la emoción con la cual estoy diciendo estas cosas, porque me recuerda momentos para mí inolvidables, así como tengo permanentemente el recuerdo de Haya de la Torre, a quien estuve tan unido desde el año 1962 y mayormente a partir del año 66 cuando nos reencontramos precisamente en Roma. Yo con Haya de la Torre estuve en el año 66 en Roma y nos fuimos a la Basílica de San Pedro -ese es otro tema- pero fuimos a la tumba del Papa Juan XXIII, por quien Haya de la Torre tenía mucha devoción, entramos juntos, nos arrodillamos y Haya de la Torre que era un hombre que quería tanto a Roma, él había vivido allí desde el año 58 al 62, justamente me contaba que había llegado cuando los funerales del Papa Pío XII y la elección de Juan XXIII, y él se quedó a vivir en un modesto departamento de vía Fratelli Bonet 44B. Yo descubrí con Haya en Roma muchas cosas vinculadas con el Perú y con el aspecto religioso peruano en Roma. Yo no sabía, por ejemplo, que en la columnata de Bernini, en la Plaza de San Pedro, había una estatua de Santa Rosa, y Víctor Raúl me la mostró, y a partir de entonces cada vez que he ido a la Plaza de San Pedro me he colocado al lado de la estatua de Santa Rosa a recordar a Haya de la Torre, o cuando me dijo tú sabes que en Roma hay una iglesia donde hay una capilla dedicada a los santos peruanos, y me llevó a Santa Maria Sopra Minerva, cerca del Pantheom, edificio de la Roma antigua, donde está sepultada Santa Catalina de Siena, y Frá Angélico, y había una bellísima estatua de un Cristo distinto a los demás, no crucificado, el dolido de la tradición hispánico-latinoamericana, sino efébico, más parecido a una estatua griega, con una cruz en el brazo, parecido a un Cristo resucitado, hecho por Miguel Angel. Y Víctor Raúl me llevó y me lo enseñó, y también una capilla donde están Santa Rosa de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo, San Martín de Porres, San Juan Masías y una hermosa bandera peruana. Ese es otro lugar permanentemente de mis peregrinaciones romanas. Victor Raúl era un hombre de gran fe religiosa. Yo doy testimonio de ello, y de su devoción inmensa por Juan XXIII, el Papa Bueno. LAG.- Muchas Gracias Dr. Roca. CR.- A ustedes queridos amigos.


Carlos Roca le hace entrega al Papa del Antiimperialismo y el APRA, ciudad del Vaticano, 10-6-85