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APOTEOSIS DEL VERBO
Para Víctor Raúl en el Día de la Fraternidad (1960)
I
Desde hace muchos siglos
las aves y los hombres buscaron tu presencia
en los desfiladeros donde amanece el viento,
y en el fondo del mar.
Te buscaron a tientas en los ríos perdidos
en las albas proscritas
en los lagos siniestros
sin poder encontrarte.
En el mundo sin Dios de aquellos días,
cansada de tantos esfuerzos inútiles,
también la historia te buscó entre las anémonas,
igual que la Prehistoria
(que es un duende risueño que vive en las cavernas).
Te buscaron por siglos los pueblos ignorados.
Te buscaron absortas las razas insepultas.
Te buscaron furiosas las jóvenes anémicas
llevando como amiga la gris preocupación.
En el mundo sin Dios de aquellos días
la muerte no era el miedo a las aves malignas,
La oración del maldito era un trozo de fuego
y a la orilla espantable de los siglos difuntos encontré
la palabra.
¡Un millón de pañuelos anunciaron el alba!
II
La sangre sin compuertas
cruzó nuestro sendero.
Arévalo pintaba el patíbulo con flores
y en su tumba escribía:
«el destino ha prohibido morir en primavera».
Un eléctrico miedo de tambores morados
nos cayó de repente como una amarga pena
¿Cuántas veces al alba la muerte sin orejas
nos señaló el camino?
¿Cuántas veces de noche con huesos y con flautas
fabricamos las cruces de los muertos recientes?
Y esperamos el día,
y esperamos la noche,
y encontramos la luz.
Bajo un cúmulo de muertos sin estrellas,
en el bosque sonoro donde duermen los vientos,
lucero de su propia luz,
timbre dormido, esperanza sin luna,
relámpago y aurora
yacía la palabra.
III
Marchemos compañeros,
Han llegado esta noche los viejos y los jóvenes.
Los que no conocieron el pan de las ergástulas
y aquellos para quienes
el miedo es un fantasma rodeado de alcanfores.
Marchemos compañeros, que vendrán esta noche
de distintas regiones
los hombres para quienes el día es un milagro.
Del sur, del norte, de las estaciones
de las altas tierras donde los pensamientos
perforan la estratosfera.
Ya vienen los marineros de los días dolientes
trayéndonos la brisa de extraños continentes
y de la negra noche vendrán los flagelados
con la sangre caliente trocada en alacranes.
Vendrán los habitantes de los sueños perdidos
los mineros, los sastres, los choferes, los maestros,
también los periodistas y los estibadores
y entre ellos pensativo vendrá Manuel Seoane
cargando solitario su fardo de injusticias.
IV
Ya partió para siempre la estación de las dudas
y los frutos amargos.
Cantemos compañeros que entre los estandartes
desfila Juan Mac Lean con su sombra benigna.
Mac Lean ha muerto una tarde de mil muertes distintas
cuando la primavera le pesaba en el alma
como un pecado leve.
Desde imprentas remotas vendrá Perico Chavéz
de su áspera comarca de fiebre y de tristeza.
También Lucho Negreiros
dormido dulcemente como un niño entre ancianos
y Amador Ríos Idiáquez con su muerte sin miedo.
Y vendrá Cerna Valdivia con Celso Albinagorta
desde el mundo temible de los decapitados
trayendo la bandera de días olvidados
la brisa de otros tiempos,
los amores perdidos,
la primera prisión.
V
Compañeros: silencio.
La aurora se acerca por techos vecinos
es amiga del pueblo
porque vive a la orilla de todos los caminos.
Ha llegado el momento
(la palabra se enciende);
para marchar insomne por las calles inmensas
se ha despoblado el tiempo;
(la palabra fulgura)
cantemos en las calles que vestida de pueblo
desfilará cojeando la propia eternidad.
Ha llegado la hora
(la voz hace centella).
Copemos la estatura. Arévalo está vivo.
Con Phillips y Seoane, con Orrego y Mac Lean
ha llegado un puñado de muertas primaveras
sin patria y sin aurora
(la palabra es blanca).
Las pálidas musas de un mundo ignorado
parece que tocan las puertas del alba
(la palabra estalla).
Llevando en su vientre un tesoro funesto
los pálidos duendes siniestros se encorvan
(la palabra es dura).
Cantemos alegres los viejos combates,
las nuevas hazañas, los viejos dolores
(la palabra es triste).
Que nadie recuerde las negras prisiones
Pues Dios es un viejo que todos los días
conversa en las tardes
de Filosofía
(la palabra estalla).
Miles de palomas,
almas extraviadas en la madrugada
inundan el cielo con broncos aplausos
que van alejándose hasta los confines
de una nueva historia.
¡La palabra es blanca y es voz y esperanza,
que anuncia el mañana!
VI
¡Esta noche marchemos!
Vendrán los que vendrán,
los que están en el suspiro de los enamorados,
los que hablarán mañana
por extraños teléfonos
con la estrella lejana,
los técnicos, los poetas,
y los dioses cobrizos de la revolución.
Vendrán porque ha sonado
la hora de la transformación.

