5 de diciembre de 2011
Carta al militante aprista: Democracia o muerte
Todos hemos enmudecido y algunos que conocieron a Víctor Raúl se han apartado del partido con lágrimas en los ojos al enterarse que a este último gobierno ´´aprista´´ puede encontrársele las manos manchadas por un delito que recibe el nombre de enriquecimiento ilícito. Nombres de altos dirigentes del partido estarían implicados, el del propio ex-mandatario es el que más truena dentro de la ya famosa ´´megacomisión´´ de investigación del Congreso. El viejo adagio reza: ´´La mujer del César no solo tiene que ser honesta sino parecerlo´´. Y aunque la justicia los absuelva de cualquier cargo la pregunta que habría que hacernos es: ¿Hasta cuando nuestro partido va a cargar con el pasivo de políticos de la era post hayista que utilizan impunemente al PAP para alcanzar el poder y el dinero? El escándalo del BTR estalló tres meses antes que empezara la campaña presidencial y la campaña de nuestros candidatos al Congreso destruyendo cualquier posibilidad seria. ¿Quién iba querer arriesgar su voto por un partido que tenía a un ex ministro aprista y a un ex asesor tributario que formó parte del círculo de amigos del ex mandatario en la cárcel, desde la cual lo señalaban y acusaban de traidor y culpable? Las acusaciones no se limitaron al ex Presidente, también alcanzaron a los dos secretarios generales, en función hasta la actualidad e inclusive mancharon los nombres de varios de nuestros ex congresistas. Ninguno de ellos ha vuelto a salir elegido. El número de alcaldes o curules es lo que menos nos importa en estos momentos a los apristas fieles a Víctor Raúl, lo que sí exigimos es que nos devuelvan nuestro partido.
El gobierno de concertación aprista ha terminado con el triunfo del Sr. Ollanta Humala, Presidente número 17 del Perú y en cinco años más si el humalismo no vuelve a ganar la presidencia, su partido que es un conglomerado de personas de diferente origen, partidos y movimientos tal vez corra la misma suerte. La corrupción en nuestra cultura y en nuestra sociedad se ha vuelto una costumbre generalizada. Carcome cual gusano las raíces mismas de cualquier institución que ante la opinión pública pretenda presentarse como muy honorable. Y nosotros los apristas que además de políticos hemos sido formados como ciudadanos que pretenden elevar el nivel cultural y moralizar con su ejemplo al resto de la sociedad civil: ¿qué pensamos hacer frente a tanta mentira, tanta corrupción y tanta farsa que mancha y mancilla nuestra única heredad, la doctrina aprista?
Lo cierto es que todas las semanas se forman colas en la Secretaria de Organización Nacional de militantes que están solicitando su retiro oficial de los padrones del P.A.P. Muchos de estos militantes entraron para conseguir trabajo en el 2006 y se retiran en el 2011 para pasarse a las filas de la alianza de partidos que hoy está en el gobierno con el afán de conseguir un trabajo en algún ministerio, universidad u otra dependencia del Estado. Son pocos pero existen también algunos militantes que se están apartando de nuestras filas por una cuestión de conciencia. Es la crisis total de los partidos políticos. En el Perú los partidos ya no sobreviven gracias a sus reivindicaciones sociales e ideológicas, sino que sobreviven gracias a su capacidad de dar o no dar trabajo y de ofrecer o no la posibilidad a sus líderes de hacer dinero. El partido político, tal y como lo edificaron Haya de la Torre, Seoane, Priale, Sánchez y tantos otros prohombres que a lo largo de su lucha social se convirtieron en los auténticos representantes del pueblo oprimido, en sus principales abogados y educadores ya no existe. El partido político en general y no solo el aprista sirve hoy en día como agencia de empleos y tráfico de influencias y recomendaciones; al mismo tiempo que retribuye a los que se encuentran en la parte más alta de la pirámide con un abanico de posibilidades y maneras para hacer negocios y acrecentar su poder y fortuna, amén de una futura campaña política, con delitos que van desde el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito y la malversación de fondos, hasta la coima o el cobro de cupos a cambio de un puesto de trabajo. Pero aquellos que ocupan cargos de confianza y que deberían custodiar y velar por las reputaciones de los políticos para los cuales trabajan corrompen a quienes tienen debajo de ellos y se dejan corromper. Un ejemplo reciente ha sido la denuncia presentada contra el Jefe de escolta y otro empleado del equipo de seguridad de Cesar Zumaeta, nuestro último Presidente del Congreso, los Sres. Arbieto y Luján quienes vendían vergonzosamente cupos a cambio de puestos de trabajo en el Parlamento. Lentamente se ha traído abajo la reputación del partido de masas más antiguo del Perú. Al perder nuestra buena reputación, al ver pisoteado el buen nombre de nuestra institución hemos entrado en un proceso de fragmentación de todos nuestros estamentos internos y en una profunda crisis institucional y política.
La militancia pobre, pura y honesta exige indignada una reestructuración científica y un relanzamiento del Partido a partir del próximo Congreso Nacional Partidario del cual esperan: limpieza de los padrones, nuevos estatutos, nuevas autoridades y relanzamiento de nuestra ideología aprista sin apartarnos doctrinalmente de Haya de la Torre y Orrego. Conforme a la nueva Ley de Partidos Políticos el Tribunal Nacional Electoral es el órgano autónomo designado para convocar a las próximas elecciones internas con testigos de la ONPE. Una vez elegidas las nuevas autoridades del partido se podrá revisar y corregir el actual Estatuto que tantos malestares y anomia produce en los militantes por estar al origen de vicios como el abuso de autoridad y la ausencia de una verdadera democracia.
O bien el partido vuelve a convertirse en una democracia o bien la historia de estos personalismos que lo instrumentalizan se repetirá nuevamente en el 2016 y en el 2020. Ha llegado la hora de volver a Víctor Raúl; la hora de hacer un diagnostico serio del pasado para poder verificar y relanzar nuestro proyecto político y cultural aprista con más fuerza que nunca hacia el futuro. Un proyecto cultural que transforme y reforme las conciencias y haga finalmente del Perú un país donde la honestidad y el respeto a la ley terminen venciendo a la corrupción. Aprismo no equivale a socialdemocracia europea, ni al neocapitalismo del Partido Comunista chino, ni a las teorías de globalización o del sistema-mundo tan en boga. Tampoco equivale al nacionalismo, ni al neo socialismo. Aprismo es una Escuela Nueva, con nombre propio. El último Estatuto sin desviaciones fue el de abril de 1984, firmado por Luis Felipe de las Casas que contenía nuestro ideario aprista, aprobado en el tercer Congreso del Partido y verificado el 28 de Julio de 1957 que contenía el ya casi olvidado ´´Reglamento General de Disciplina del Partido´´. Aquel Estatuto decía claramente que ´´El Congreso Nacional del Partido es la expresión máxima del pensamiento y voluntad de los militantes y constituye el más alto organismo de su democracia interna, soberana y representativa´´. Aquel Estatuto histórico también decía que: ´´Todos los cargos dirigenciales del Partido, así como los correspondientes al ejercicio de la función pública, deberán ser motivo de elección mediante el voto directo, secreto y universal de la militancia aprista´´. Por esa razón al grito de ´´Haya no ha muerto, sigue siendo el Jefe´´ avoquémonos a la tarea de preparar a las bases para restituir los principios rectores y las ideas políticas apristas de nuestro único guía y Jefe máximo, Víctor Raúl Haya de la Torre en el transcurso del próximo Congreso Nacional.
Si se trata de un Congreso legítimo será capaz de mantener las puertas abiertas que exige el principio de transparencia democrática de todo partido político moderno durante todo el tiempo que dure el proceso, permitiendo que la prensa ingrese, así como cualquier representante de la ONPE. Si se trata de un Congreso legítimo, acondicionará cabinas para el voto directo, secreto y universal de todos los militantes apristas que elijan acercarse en esa fecha a votar.
Apristamente,
Willka Suyana
27-10-2011
El gobierno de concertación aprista ha terminado con el triunfo del Sr. Ollanta Humala, Presidente número 17 del Perú y en cinco años más si el humalismo no vuelve a ganar la presidencia, su partido que es un conglomerado de personas de diferente origen, partidos y movimientos tal vez corra la misma suerte. La corrupción en nuestra cultura y en nuestra sociedad se ha vuelto una costumbre generalizada. Carcome cual gusano las raíces mismas de cualquier institución que ante la opinión pública pretenda presentarse como muy honorable. Y nosotros los apristas que además de políticos hemos sido formados como ciudadanos que pretenden elevar el nivel cultural y moralizar con su ejemplo al resto de la sociedad civil: ¿qué pensamos hacer frente a tanta mentira, tanta corrupción y tanta farsa que mancha y mancilla nuestra única heredad, la doctrina aprista?
Lo cierto es que todas las semanas se forman colas en la Secretaria de Organización Nacional de militantes que están solicitando su retiro oficial de los padrones del P.A.P. Muchos de estos militantes entraron para conseguir trabajo en el 2006 y se retiran en el 2011 para pasarse a las filas de la alianza de partidos que hoy está en el gobierno con el afán de conseguir un trabajo en algún ministerio, universidad u otra dependencia del Estado. Son pocos pero existen también algunos militantes que se están apartando de nuestras filas por una cuestión de conciencia. Es la crisis total de los partidos políticos. En el Perú los partidos ya no sobreviven gracias a sus reivindicaciones sociales e ideológicas, sino que sobreviven gracias a su capacidad de dar o no dar trabajo y de ofrecer o no la posibilidad a sus líderes de hacer dinero. El partido político, tal y como lo edificaron Haya de la Torre, Seoane, Priale, Sánchez y tantos otros prohombres que a lo largo de su lucha social se convirtieron en los auténticos representantes del pueblo oprimido, en sus principales abogados y educadores ya no existe. El partido político en general y no solo el aprista sirve hoy en día como agencia de empleos y tráfico de influencias y recomendaciones; al mismo tiempo que retribuye a los que se encuentran en la parte más alta de la pirámide con un abanico de posibilidades y maneras para hacer negocios y acrecentar su poder y fortuna, amén de una futura campaña política, con delitos que van desde el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito y la malversación de fondos, hasta la coima o el cobro de cupos a cambio de un puesto de trabajo. Pero aquellos que ocupan cargos de confianza y que deberían custodiar y velar por las reputaciones de los políticos para los cuales trabajan corrompen a quienes tienen debajo de ellos y se dejan corromper. Un ejemplo reciente ha sido la denuncia presentada contra el Jefe de escolta y otro empleado del equipo de seguridad de Cesar Zumaeta, nuestro último Presidente del Congreso, los Sres. Arbieto y Luján quienes vendían vergonzosamente cupos a cambio de puestos de trabajo en el Parlamento. Lentamente se ha traído abajo la reputación del partido de masas más antiguo del Perú. Al perder nuestra buena reputación, al ver pisoteado el buen nombre de nuestra institución hemos entrado en un proceso de fragmentación de todos nuestros estamentos internos y en una profunda crisis institucional y política.
La militancia pobre, pura y honesta exige indignada una reestructuración científica y un relanzamiento del Partido a partir del próximo Congreso Nacional Partidario del cual esperan: limpieza de los padrones, nuevos estatutos, nuevas autoridades y relanzamiento de nuestra ideología aprista sin apartarnos doctrinalmente de Haya de la Torre y Orrego. Conforme a la nueva Ley de Partidos Políticos el Tribunal Nacional Electoral es el órgano autónomo designado para convocar a las próximas elecciones internas con testigos de la ONPE. Una vez elegidas las nuevas autoridades del partido se podrá revisar y corregir el actual Estatuto que tantos malestares y anomia produce en los militantes por estar al origen de vicios como el abuso de autoridad y la ausencia de una verdadera democracia.
O bien el partido vuelve a convertirse en una democracia o bien la historia de estos personalismos que lo instrumentalizan se repetirá nuevamente en el 2016 y en el 2020. Ha llegado la hora de volver a Víctor Raúl; la hora de hacer un diagnostico serio del pasado para poder verificar y relanzar nuestro proyecto político y cultural aprista con más fuerza que nunca hacia el futuro. Un proyecto cultural que transforme y reforme las conciencias y haga finalmente del Perú un país donde la honestidad y el respeto a la ley terminen venciendo a la corrupción. Aprismo no equivale a socialdemocracia europea, ni al neocapitalismo del Partido Comunista chino, ni a las teorías de globalización o del sistema-mundo tan en boga. Tampoco equivale al nacionalismo, ni al neo socialismo. Aprismo es una Escuela Nueva, con nombre propio. El último Estatuto sin desviaciones fue el de abril de 1984, firmado por Luis Felipe de las Casas que contenía nuestro ideario aprista, aprobado en el tercer Congreso del Partido y verificado el 28 de Julio de 1957 que contenía el ya casi olvidado ´´Reglamento General de Disciplina del Partido´´. Aquel Estatuto decía claramente que ´´El Congreso Nacional del Partido es la expresión máxima del pensamiento y voluntad de los militantes y constituye el más alto organismo de su democracia interna, soberana y representativa´´. Aquel Estatuto histórico también decía que: ´´Todos los cargos dirigenciales del Partido, así como los correspondientes al ejercicio de la función pública, deberán ser motivo de elección mediante el voto directo, secreto y universal de la militancia aprista´´. Por esa razón al grito de ´´Haya no ha muerto, sigue siendo el Jefe´´ avoquémonos a la tarea de preparar a las bases para restituir los principios rectores y las ideas políticas apristas de nuestro único guía y Jefe máximo, Víctor Raúl Haya de la Torre en el transcurso del próximo Congreso Nacional.
Si se trata de un Congreso legítimo será capaz de mantener las puertas abiertas que exige el principio de transparencia democrática de todo partido político moderno durante todo el tiempo que dure el proceso, permitiendo que la prensa ingrese, así como cualquier representante de la ONPE. Si se trata de un Congreso legítimo, acondicionará cabinas para el voto directo, secreto y universal de todos los militantes apristas que elijan acercarse en esa fecha a votar.
Apristamente,
Willka Suyana
27-10-2011
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