11 de mayo de 2009

A MI PADRE, ALBERTO VALENCIA CÁRDENAS

A MI PADRE, ALBERTO VALENCIA CÁRDENAS

Rocío Valencia Haya de la Torre
Integrante del Taller “Antenor Orrego”
(Este texto fue publicado como prólogo del libro póstumo Poesía Selecta de Alberto Valencia Cárdenas)

IV Encuentro Ideológico Político y VIII Convención Regional Juvenil
"Wilfredo Huaita Núñez", Pausa, 8 y 9 de Mayo del 2009.


Alberto Valencia en París, al lado del amor de su vida y su eterna esposa, Alira Haya de la Torre de Valencia, sobrina carnal y ahijada de Víctor Raúl Haya de la Torre, con quien se casó en febrero de 1966.

¿Alguien ha visto a un experto jinete cayendo de su caballo en pleno galope? Es difícil imaginar cómo un valiente guerrero, un luchador infatigable de la justicia y de la paz, un líder temido y temerario, pueda alguna vez caerse para ya no levantarse. El cuerpo cae porque le faltan las fuerzas, pero el verbo sigue vibrando atrevido y el espíritu, afilado como un cóndor, alza vuelo hacia la eternidad desde donde nos inspira y dirige, a través de hilos invisibles, hacia el cumplimiento de sus ideales más nobles.

La madrugada del 3 de marzo queda a partir de ahora inscrita en los anales eternos ya que en esa mañana, un tribuno del pueblo, apóstol del evangelio aprista, un luchador sin tregua como lo llamó nuestro amigo Hugo Vallenas, ha tocado las puertas del cielo para sentar sus cuarteles eternos al lado de sus entrañables maestros Víctor Raúl, Ramiro y Luis Alberto.




Alberto Valencia (segundo desde la izquierda), al lado de Luis Alberto Sánchez y Víctor Raúl en Montevideo, durante el Congreso de Desterrados Apristas de 1954. También está Ricardo Temoche y de cuclillas vemos a Absalón Pavón.

Ese luchador entusiasta y combativo, rumiador incansable de sueños y proyectos que muchas veces generó sentimientos encontrados. Ese ayacuchano indoblegable que rechazó el Ministerio del Interior durante el gobierno de Alan García porque el cargo no le iba a permitir servir como el quería a tiempo completo al pueblo ayacuchano. Admirado y amado por algunos, malentendido y rehuido por otros, respetado al final por sus más ensañados enemigos tuvo siempre un ideal muy alto de amor y servicio a los demás, un ideal de cambiar al Perú en un país más justo donde el pueblo y en especial los niños y jóvenes de su pueblo tuvieran un pan que llevarse a la boca, una educación digna y fueran en el futuro hombres libres, orgullosos de su tierra y de sus orígenes lejos de la violencia, la pobreza y la marginación. Se ha hablado del aprista, del poeta y del luchador social que en los últimos años abogó por los derechos de los ex-parlamentarios. Como hija, me toca tal vez hablar un poco más del hombre.

Él era un hombre paternalista y desprendido, protector de los desvalidos dentro y fuera de la casa. No podía soportar el abuso, la injusticia y el dolor de los más débiles sin hacer algo al respecto. Hacia él venían familias y a veces comunidades enteras de Ayacucho en búsqueda del defensor, del abogado y también del amigo.

Alberto Valencia al lado del recordado líder aprista Ramiro Prialé en Huancayo, durante la campaña electoral de 1962.

Brindó generoso sus mejores esfuerzos mientras fue diputado por dicho departamento en el periodo 1985 y 1990 y luego durante el período 1990 y abril de 1992, mes en el cual el ex-presidente Fujimori clausuró el Congreso de la República. Su protección y ayuda incondicional continuaría hasta el final de su vida, desde el calor de su hogar, donde recibía a los amigos, familias y delegaciones de Ayacucho que venían a la capital a visitarlo y pedirle orientación y consejo.

Recuerdo marzo del año 1992, cuando viajó a visitarme a la Universidad Complutense de Madrid donde yo estudiaba. En dicha oportunidad le presenté al profesor Rafael Calduch Cervera de la facultad de Ciencias Políticas, y frente a un centenar de estudiantes de todos los rincones de América Latina y España pronunció un discurso electrizante acerca de la lucha antiterrorista en el Perú, lucha en la cual él participó activamente desde el gobierno y debido a la cual sufrió ataques y un atentado contra su vida en un hotel de Huamanga en 1989. Fue conocido por su pluma crítica y sus columnas a veces lapidarias, siempre contestatarias. Ganó el premio al mejor periodista en Santiago en dos oportunidades, 1952 y en 1954, y en una de ellas recibió el galardón de manos del brillante orador y parlamentario aprista, Manuel Seoane Corrales, entonces también en el exilio.



El «Cachorro» Manuel Seoane Corrales, padre del periodismo indoamericano, haciendo entrega del Premio Camilo Henríquez al gran vate ayacuchano Alberto Valencia, durante la ceremonia convocada por el Círculo de Periodistas de Santiago de Chile en 1952.

Se le conoce en su faceta de escritor y de poeta más que en la de político y orador, sin embargo fue las dos cosas, un artífice de la palabra capaz de criticar con la exactitud del dardo más agudo y de exaltar con la belleza del verso más fino. Amó sus raíces ayacuchanas entrañablemente y volvió a su tierra a ver a sus ahijados y miles de amigos todos los años. Por eso el día que Huamanga lo condecoró como Hijo Predilecto de dicha ciudad en 1986, pronunció estas palabras:
«He trabajado, he luchado, he cantado y he amado bravamente porque pertenezco a una raza que es la raza de esta tierra ayacuchana que ha creado mujeres bravas y hombres melancólicos capaces de cantar sus tristezas y capaces de hacer de las desgracias la gloria de la vida también».

Como el fénix que renace y levanta el vuelo de sus cenizas, nada podía doblegarlo, nada podía apagar su entusiasmo, su determinación por alcanzar las metas de su pueblo, aún cuando todo parecía indicar el final o la derrota. Fue incomprendido en temas como la lucha contra el terrorismo y duramente atacado por haberse atrevido a defender la tesis que era necesario entregar las armas a los campesinos ayacuchanos como estos lo reclamaban para que pudieran defenderse de Sendero Luminoso.



Alberto Valencia al lado de su hija Rocío y del recordado poeta Washington Delgado en Lima, agosto del 2003.

El gobierno y también el ejército consideraban esta propuesta como demasiado arriesgada. Sin embargo el ex-presidente García le daría la razón años más tarde al ser entrevistado por la Comisión de la Verdad (CVR, 7 de mayo del 2003) La entrega de armas a los campesinos ayacuchanos, para que se organicen en rondas, fue la clave para inclinar la balanza a favor del gobierno en la lucha antisubversiva. El terco diputado ayacuchano, con apoyo del entonces Ministro del Interior, Agustín Mantilla, logró que se distribuyeran botas y fusiles a cientos de ronderos ayacuchanos para que estos pudiesen defender a sus familias sin esperar la luz verde del Ejecutivo.
Ser hijo predilecto de Huamanga fue según su propia confesión el homenaje más hermoso que recibió durante su vida pública. Pausa fue la tierra de sus padres y de sus abuelos, donde aprendió al lado de los campesinos que trabajaban en la hacienda el quechua y vivió durante casi 4 años. En Lima pasaría el resto de su niñez, toda su juventud y la mayor parte de su vida sin que jamás la capital tomara el lugar de esta tierra que amó como su patria eterna hasta la muerte.

Los sueños del político encontraban eco en el corazón del poeta entregado y generoso. La falta de una universidad particular en Huamanga fue la preocupación más grande que tuvo en los últimos años de su vida. Dedicó sus últimos desvelos a trazar, al lado de un grupo de discípulos, y amigos el proyecto de creación de dicha universidad, cuyo financiamiento queda hasta el día de hoy pendiente.

«Prometo no morirme antes de fundar la Universidad Particular de Ayacucho y las bibliotecas populares», escribiría en su cuaderno de notas la nochebuena del 24 de diciembre del 2004.

Al igual que Víctor Raúl, su maestro, la educación del pueblo era su más grande anhelo y preocupación. Y a ese Ayacucho bendito, tierra de hombres tesoneros e indoblegables, partiremos un día quienes estuvimos a su lado, compartimos sus sueños y somos sus hijos en el mismo sueño y el dolor, con la determinación de sentar las bases de tan noble ideal.

Solo los hombres grandes tienen grandes sueños, por eso y porque Dios así lo quiso, nuestro mejor homenaje es ofrecerte taita, la promesa que veras un día, con satisfacción, cumplido tu último sueño. Entonces el cóndor de tu espíritu temerario volará nuevamente sobre el cerro de Acuchimay y repicarán las campanas de la Iglesia de Quinuapata, anunciando un nuevo porvenir para el Ayacucho que sufriste y amaste con verdadero valor, desinterés y entrega hasta el último suspiro de tu vida.

21 de febrero de 2009

Homenaje de Alberto Valencia a Victor Raul Haya de la Torre



APOTEOSIS DEL VERBO


Para Víctor Raúl en el Día de la Fraternidad (1960)



I

Desde hace muchos siglos
las aves y los hombres buscaron tu presencia
en los desfiladeros donde amanece el viento,
y en el fondo del mar.

Te buscaron a tientas en los ríos perdidos
en las albas proscritas
en los lagos siniestros
sin poder encontrarte.

En el mundo sin Dios de aquellos días,
cansada de tantos esfuerzos inútiles,
también la historia te buscó entre las anémonas,
igual que la Prehistoria
(que es un duende risueño que vive en las cavernas).

Te buscaron por siglos los pueblos ignorados.
Te buscaron absortas las razas insepultas.
Te buscaron furiosas las jóvenes anémicas
llevando como amiga la gris preocupación.

En el mundo sin Dios de aquellos días
la muerte no era el miedo a las aves malignas,
La oración del maldito era un trozo de fuego
y a la orilla espantable de los siglos difuntos encontré
la palabra.
¡Un millón de pañuelos anunciaron el alba!



II

La sangre sin compuertas
cruzó nuestro sendero.
Arévalo pintaba el patíbulo con flores
y en su tumba escribía:
«el destino ha prohibido morir en primavera».
Un eléctrico miedo de tambores morados
nos cayó de repente como una amarga pena
¿Cuántas veces al alba la muerte sin orejas
nos señaló el camino?
¿Cuántas veces de noche con huesos y con flautas
fabricamos las cruces de los muertos recientes?

Y esperamos el día,
y esperamos la noche,
y encontramos la luz.

Bajo un cúmulo de muertos sin estrellas,
en el bosque sonoro donde duermen los vientos,
lucero de su propia luz,
timbre dormido, esperanza sin luna,
relámpago y aurora
yacía la palabra.



III

Marchemos compañeros,
Han llegado esta noche los viejos y los jóvenes.
Los que no conocieron el pan de las ergástulas
y aquellos para quienes
el miedo es un fantasma rodeado de alcanfores.
Marchemos compañeros, que vendrán esta noche
de distintas regiones
los hombres para quienes el día es un milagro.
Del sur, del norte, de las estaciones
de las altas tierras donde los pensamientos
perforan la estratosfera.

Ya vienen los marineros de los días dolientes
trayéndonos la brisa de extraños continentes
y de la negra noche vendrán los flagelados
con la sangre caliente trocada en alacranes.

Vendrán los habitantes de los sueños perdidos
los mineros, los sastres, los choferes, los maestros,
también los periodistas y los estibadores
y entre ellos pensativo vendrá Manuel Seoane
cargando solitario su fardo de injusticias.



IV

Ya partió para siempre la estación de las dudas
y los frutos amargos.
Cantemos compañeros que entre los estandartes
desfila Juan Mac Lean con su sombra benigna.
Mac Lean ha muerto una tarde de mil muertes distintas
cuando la primavera le pesaba en el alma
como un pecado leve.
Desde imprentas remotas vendrá Perico Chavéz
de su áspera comarca de fiebre y de tristeza.
También Lucho Negreiros
dormido dulcemente como un niño entre ancianos
y Amador Ríos Idiáquez con su muerte sin miedo.
Y vendrá Cerna Valdivia con Celso Albinagorta
desde el mundo temible de los decapitados
trayendo la bandera de días olvidados
la brisa de otros tiempos,
los amores perdidos,
la primera prisión.



V

Compañeros: silencio.
La aurora se acerca por techos vecinos
es amiga del pueblo
porque vive a la orilla de todos los caminos.

Ha llegado el momento
(la palabra se enciende);
para marchar insomne por las calles inmensas
se ha despoblado el tiempo;
(la palabra fulgura)
cantemos en las calles que vestida de pueblo
desfilará cojeando la propia eternidad.
Ha llegado la hora
(la voz hace centella).
Copemos la estatura. Arévalo está vivo.
Con Phillips y Seoane, con Orrego y Mac Lean
ha llegado un puñado de muertas primaveras
sin patria y sin aurora
(la palabra es blanca).
Las pálidas musas de un mundo ignorado
parece que tocan las puertas del alba
(la palabra estalla).

Llevando en su vientre un tesoro funesto
los pálidos duendes siniestros se encorvan
(la palabra es dura).

Cantemos alegres los viejos combates,
las nuevas hazañas, los viejos dolores
(la palabra es triste).

Que nadie recuerde las negras prisiones
Pues Dios es un viejo que todos los días
conversa en las tardes
de Filosofía
(la palabra estalla).

Miles de palomas,
almas extraviadas en la madrugada
inundan el cielo con broncos aplausos
que van alejándose hasta los confines
de una nueva historia.

¡La palabra es blanca y es voz y esperanza,
que anuncia el mañana!



VI

¡Esta noche marchemos!
Vendrán los que vendrán,
los que están en el suspiro de los enamorados,
los que hablarán mañana
por extraños teléfonos
con la estrella lejana,
los técnicos, los poetas,
y los dioses cobrizos de la revolución.
Vendrán porque ha sonado
la hora de la transformación.

2 de febrero de 2009

El Papa del Pan y Libertad y Haya de la Torre



Por Luis Alberto Guerrero


Si conocer al Papa y darle la mano es el sueño de la vida de muchas personas, para Carlos Roca Cáceres, ex parlamentario aprista que tuvo el privilegio de estar con Juan Pablo II en 15 audiencias oficiales (cuatro de ellas en compañía de Alan García), es realmente un imborrable recuerdo de vida. Sumamente dolido por la desaparición del Pontífice, Roca accedió anteanoche a exhumar sus recuerdos y sus gruesos álbumes de fotos y pintarnos una visión testimonial de un Papa que a su juicio ha sido el más grande del Siglo XX y que se caracterizó por la defensa de la libertad y el derecho al pan de los más pobres. Carlos Roca tiene peculiaridades que hacen notable su testimonio. Es tan apasionado de los temas pontificios que, por ejemplo, se propuso recibir el cambio del milenio en la Plaza de San Pedro. El 31 de Diciembre de 1999 estuvo allí, y contempló al Papa asomado a la ventana del Palacio Pontificio, al igual que otras tantas veces que hacen pasar de treinta las ocasiones en que ha estado en la Plaza de San Pedro recibiendo la bendición papal. En la entrevista que nos concedió, recordó que Víctor Raúl Haya de la Torre era también un asiduo visitante de la Basílica de San Pedro y que, siguiendo su ejemplo, él considera que en el mundo hay solo tres ciudades históricas: Jerusalén, Atenas y Roma. En la entrevista Roca recordó que Juan Pablo II fue el Papa que planteó la condonación de la deuda externa que agobia a los países pobres, pidiendo a los países ricos que no la cobren. En esto fue más radical a lo que 15 años antes había planteado Alan García, condonar la deuda para dedicar los recursos a solucionar los problemas de la pobreza.

Luis Alberto Guerrero.- Dr. Roca, Ud. ha sido uno de los peruanos que ha tenido el privilegio de tener frente a frente al Papa Juan Pablo II en múltiples oportunidades, en su función de parlamentario por muchos años en nuestro país. ¿Qué sentimiento le produce su deceso? Carlos Roca.- Yo he sentido una profunda emoción todos estos días, no solamente siguiendo de cerca la enfermedad del Santo Padre sino cuando anunciaron su fallecimiento me he sentido profundamente conmovido. Para mí el Santo Padre era y sigue siendo una de las grandes figuras de la historia que a mí me tocó felizmente conocer.


LAG.- ¿Cuántas veces estuvo Ud. frente al Papa? CR.- He tenido el privilegio de estar con el Santo Padre muchas veces: he estado cuatro veces en audiencia privada acompañando al c. Alan García, y otras 11 veces en audiencias públicas tanto en la Plaza de San Pedro como en la Sala Paulo VI del Palacio Pontificio. En todas aquellas ocasiones tuve la oportunidad de estrechar la mano del Santo Padre, expresarle los sentimientos de gratitud de los peruanos frente a lo que él ha significado no solamente para los católicos, para quienes profesamos la fe católica, sino para todos aquellos que creemos en la paz y en la necesidad de la reconciliación entre todos los hombres de buena voluntad.


LAG.- ¿Qué se percibe en ocasiones tan significativas? CR.- Yo he sido afortunado, pienso, y además como era parlamentario he tenido ocasión de viajar muchas veces a Europa y siempre he ido a Italia y a Roma especialmente para tener estos encuentros que eran breves pero profundamente significativos. Yo le puedo confesar que cada vez que le estrechaba la mano al Santo Padre me sentía completamente impactado por su personalidad carismática. Era un hombre que transmitía vitalidad, fortaleza, símbolo de una fe inquebrantable que es la realmente mueve al mundo.


LAG.- ¿Cómo cree Ud. que recordaremos a Juan Pablo II? CR.- Creo que este Papa pasará a la historia como uno de los grandes pontífices de la Iglesia, pero sobre todo como un hombre que supo entregar su vida completamente al servicio de los demás.
LAG.- ¿Qué cree Ud. que caracterizó su labor pontifical? CR.- Este peregrinaje permanente del Papa por todos los continentes, esta vocación suya por encontrarse con las multitudes para transmitir el mensaje de Cristo, que es fundamentalmente un mensaje de amor y de paz, este deseo de tomar contacto con los jóvenes para enseñarles el camino de la justicia y de la libertad…. Yo creo que el Papa ha cumplido un rol importantísimo en el siglo XX.

LAG.- En lo personal, que sabor le deja su partida…? CR.- Yo puedo decir que he tenido la fortuna de conocer al hombre más importante en el mundo en el Siglo XX: Juan Pablo II y al hombre más importante en el Siglo XX del Perú que fue Haya de la Torre.


LAG.- ¿Por qué admiraba a Juan Pablo II? CR.- Creo que mi devoción por el Santo Padre se debe a que siempre yo consideré que era un hombre de fe, un hombre que defendía sus principios. Era un hombre que trasmitía el mensaje sin hacerle concesiones a nadie, porque sabía que era depositario de una verdad que era la Verdad de Cristo. Muchas veces he escuchado decir que este era un Papa conservador, que era un Papa que no tenía cierta tolerancia frente a la modernidad de este mundo que cada vez se hace más laico, pero que lamentablemente se aleja de Dios, y yo siempre decía que no se le puede pedir al Santo Padre que traicione los sagrados principios de la fe cristiana. Al Papa no se le puede pedir que defienda el aborto mientras nosotros defendemos la vida; al Papa no se le puede pedir que apoye el divorcio, porque él va a defender siempre la unidad familiar; al Papa no se le puede pedir muchas cosas porque él supo defender los principios cristianos y lo hizo con una sinceridad y una transparencia increíbles.


LAG.-Tuvo también un accionar político ¿no es así? CR.- Ciertamente. Su vocación de libertad y su posición anti totalitaria lo llevó a ser uno de los grandes artífices de la caída del mundo comunista. El, que había sufrido en carne propia no solo la persecución nazi sino la persecución comunista, sabía muy bien el valor de la libertad, y por lo tanto él luchó infatigablemente porque en Europa se restableciera la libertad y estoy absolutamente seguro que sin la figura de Juan Pablo II no hubiera caído el Muro de Berlín ni hubiera terminado esta experiencia desviada del totalitarismo comunista, que era la negación del socialismo, que no se entiende sin la libertad. Por esa razón yo creo que el Santo padre pasará a la historia no solamente como he dicho como el gran defensor de la fe cristiana y de los valores morales del catolicismo, sino también como el hombre que fue gran defensor de los principios de la libertad como también de la justicia social. No nos olvidemos que este magisterio del Pontífice ha sido un magisterio en defensa de los pobres, en defensa de los sectores más oprimidos de nuestras sociedades, que viven, como él lo dijo, bajo el sistema del capitalismo salvaje. No hay que olvidar que este Santo Padre a través de sus encíclicas, de sus discursos, de sus intervenciones que ha tenido en todo el mundo, en el llamado Tercer Mundo, o cuando vino también a América Latina, insistió en el tema de la justicia social.


LAG.- Y su mensaje en Villa El Salvador… CR.- Aquí en Villa El Salvador habló del hambre de Pan, y eso me hacía recordar nuestro viejo lema “Pan y Libertad”. El lema nuestro, el lema de Haya de la Torre de Pan y Libertad, ha sido ese lema del Papa: Pan y Libertad. En Villa El Salvador lo reiteró: “tenemos hambre de Dios, pero hay también hambre de pan, y hay que resolver el problema del pan, y además el problema de la libertad”.


LAG.- Fue un hombre que marcó la historia de su tiempo… CR.- Yo creo que en ese sentido el Papa ha sido un hombre que ha marcado la historia. Yo me siento afortunado, privilegiado cada vez que lo recuerdo, y le digo que en estos días he estado al borde de las lágrimas, cada vez que contemplando la televisión veía al Santo Padre. Pero hay algo más que quiero recalcar: ha sido un ejemplo frente al sufrimiento, frente al dolor: un hombre afectado por los males, desde que atentaron contra él en mayo de 1981; un hombre que ha pasado semanas en el hospital dando un ejemplo de lo que puede significar el coraje frente a la enfermedad, frente al dolor; un hombre que sabido sobreponerse a su mal de Parkinson, a su artrosis, a sus males físicos; yo le confieso que los ojos se me llenaron de lágrimas frente a la imagen patética del Papa, la última imagen en la ventana del Palacio Pontificio, cuando quiso hablar, quiso bendecir y no pudo, pero realmente hacía un esfuerzo sobrehumano hasta el último momento… por eso yo no entendía bien a quienes especulaban que el Papa debe renunciar: cuando uno asume un magisterio, un apostolado como asumió él, no hay renuncias, uno lucha hasta la muerte, hasta el último suspiro, y yo creo que esa imagen del Santo Padre, adolorido, con la traqueotomía, imposibilitado de hablar; este hombre que había conquistado al mundo con su palabra, uno de los grandes oradores religiosos que la Iglesia ha tenido en su historia, y que al final termine no pudiendo hablar… se hablaba del Papa del silencio en estos últimos días antes de su muerte… pero yo decía que ha sido un ejemplo de cómo el hombre se puede sobreponer al dolor, al sufrimiento, a la enfermedad, esperar con paciencia, con serenidad, el tránsito hacia la eternidad…
LAG.- Lo siento y lo veo realmente compungido Dr. Roca… CR.- A mí me ha conmovido tremendamente la muerte del Papa, lo he seguido de cerca estos días, y lo sigo; estoy todos estos días solamente viendo la televisión, siguiendo de cerca al Papa…¡Cómo me hubiera gustado estar en Roma en estos días para poderlo acompañar, para poder estar en la Plaza de San Pedro como tantas veces estuve. Si algo voy a recordar toda mi vida fue que recibí el Nuevo Milenio en la Plaza de San Pedro, y que la medianoche del 31 de Diciembre de 1999 yo estuve allí y pude contemplar al Santo Padre cuando las campanas se echaron al vuelo y los fuegos artifíciales anunciaban la llegada del año 2000. Era un viejo sueño que yo tenía: estar al lado del Papa, y estuve en medio de los miles de peregrinos que llegamos para el Jubileo; días antes había estado en la Plaza de San Pedro cuando abrió la Puerta Santa, y miren, yo soy católico, lo soy por tradición familiar, en este hogar siempre se respiró una devoción por la Iglesia, por la Santísima Virgen, yo tengo una tía religiosa, hermana de mi madre, que es monja esclavista del Sagrado Corazón, fui educado en un colegio religioso, el Colegio de La Salle, a los hermanos de La Salle les debo mi formación religiosa, y de no haber conocido quizás a Haya de la Torre y de haberme entusiasmado por el aprismo y el haberme consagrado al Partido como lo hago, yo realmente quizás hubiera descubierto una vocación religiosa, y por esa razón es que yo me he expresado devotamente frente a los papas: conocí al Papa Paulo VI cuando era estudiante en Italia en 1965, y con quien estuve en una audiencia que concedió a estudiantes universitarios latinoamericanos y de otros países del mundo en Roma; pero luego a quien más pude tratar con el afecto directo en estas tantas veces que estuve con él fue a Juan Pablo II.

LAG.- Recién entiendo su pasión por el tema… CR.- Por eso es que a mí me quedará eternamente imborrable el recuerdo de esta gran Papa. Yo estoy de acuerdo en que se le llame Juan Pablo II El Grande, porque realmente su magisterio, su apostolado, su vocación de servicio, creo que va a perdurar.


LAG.- ¿Y en cuanto al nuevo Papa? CR.- Ahora hay tantas especulaciones respecto a quien será el nuevo papa, incluso se habla de las profecías de San Malaquías, se habla de que el que elijan ahora sería el penúltimo Papa y que después vendría el fin del mundo. Yo no creo en estas cosas, creo en que Jesús dijo que El estaría con nosotros hasta la consumación de los siglos, creo que esta Iglesia nuestra, la Iglesia de Pedro, la Iglesia Católica, subsistirá a todo y ojalá el nuevo Papa esté en la línea de Juan Pablo II y continúe este camino. Va a ser difícil pero yo confío en el Espíritu Santo… que será el que ilumine a los cardenales reunidos en el cónclave para que sepan escoger. Ojalá sea un Papa bondadoso, generoso, como ha sido Juan Pablo II. Ojalá que sea un Papa que defienda los valores de la Justicia Social y de la Libertad como lo hizo Juan Pablo II y que sobre todo nos devuelva la ilusión de que es posible tener un mundo en paz. Justamente la primera vez que yo vi. al Santo Padre fue retornando de un viaje a Líbano, cuando visité los campos de refugiados palestinos y pude conocer también a Yasser Arafat. Yo creo que la paz en el mundo es un don que tenemos que conquistar, de alguna manera también con nuestro esfuerzo y colaboración, y este Papa luchó por la paz y la mayor parte de sus viajes estuvieron orientados a llevar a paz, un mensaje de reconciliación entre los hombres. No nos olvidemos que él se opuso a la Guerra de Irak y condenó abiertamente que se violara los derechos humanos en varios lugares del mundo, y creo que en ese sentido el Papa será recordado por todos. Me ha conmovido ver en estos días a Fidel Castro, también él evocando a la figura de Juan Pablo II. Este Fidel que es un líder latinoamericano que lamentablemente desvió el camino de la revolución, porque le dio a su pueblo pan pero le negó la libertad. Yo creo que la visita del Santo Padre a Cuba fue un hecho histórico, porque ahí tuvo el coraje de reclamar por el derecho de los perseguidos, de los detenidos, por la libertad de conciencia, la libertad de religión, por el derecho de todos de predicar la fe en que uno crea. Estoy seguro que el pueblo cubano que tanta devoción tiene por la Virgen de la Caridad del Cobre, lo recordará por siempre, como nosotros los peruanos que recordaremos esas dos visitas del año 85 y del año 88. Hasta ahora tengo el sonido de la canción del Papa: Juan Pablo Peregrino, que entonamos en esas jornadas hermosas cuando el Papa estuvo con nosotros, y cuando tuve ocasión también de verlo, en el Salón de la Paz a invitación del Presidente Belaunde, y luego posteriormente cuando tuve la fortuna de poder estrechar nuevamente la mano del Santo Padre en al Salón Dorado junto con Alan García, cuando el Presidente García tuvo la fraterna deferencia de hacerme ingresar al Salón Dorado en el momento en que el Papa estaba solamente reunido con su familia y me agarró del brazo el Presidente, me llevó ante el santo Padre y le dijo: “aquí está Carlos Roca que es como mi hermano”, y eso no lo voy a olvidar nunca, ese gesto del Presidente García; y luego el Santo Padre, que me veía a menudo, cuando iba a Roma, y que siempre le trasmitía los saludos de Alan, de los compañeros y del pueblo peruano.

CON VÍCTOR RAÚL EN ROMA

LAG.- Ud. le obsequió dos libros al Papa… CR.- Yo tuve la ocasión de regalarle al Santo Padre la biografía de Haya de la Torre escrita por Luis Alberto Sánchez, y otra vez también me atreví a regalarle “El Antiimperialismo y el Apra” que es la obra fundamental de Haya de la Torre, y lo hice porque lo veía tan interesado en los problemas latinoamericanos, de la lucha por la independencia y por la prosperidad de los pueblos, que era preciso que tuviera en sus manos la biografía de un hombre como Haya de la Torre que había luchado por sus mismos ideales, y una obra tan importante como el Antiimperialismo y el Apra que todos los apristas reconocemos que es una obra que debemos tener en cuenta para seguir luchando por los grandes principios de la libertad y de la justicia.


LAG.- Sus emociones han volado ahora hacia Víctor Raúl… CR.- Yo espero que los compañeros de La Tribuna comprendan la emoción con la cual estoy diciendo estas cosas, porque me recuerda momentos para mí inolvidables, así como tengo permanentemente el recuerdo de Haya de la Torre, a quien estuve tan unido desde el año 1962 y mayormente a partir del año 66 cuando nos reencontramos precisamente en Roma. Yo con Haya de la Torre estuve en el año 66 en Roma y nos fuimos a la Basílica de San Pedro -ese es otro tema- pero fuimos a la tumba del Papa Juan XXIII, por quien Haya de la Torre tenía mucha devoción, entramos juntos, nos arrodillamos y Haya de la Torre que era un hombre que quería tanto a Roma, él había vivido allí desde el año 58 al 62, justamente me contaba que había llegado cuando los funerales del Papa Pío XII y la elección de Juan XXIII, y él se quedó a vivir en un modesto departamento de vía Fratelli Bonet 44B. Yo descubrí con Haya en Roma muchas cosas vinculadas con el Perú y con el aspecto religioso peruano en Roma. Yo no sabía, por ejemplo, que en la columnata de Bernini, en la Plaza de San Pedro, había una estatua de Santa Rosa, y Víctor Raúl me la mostró, y a partir de entonces cada vez que he ido a la Plaza de San Pedro me he colocado al lado de la estatua de Santa Rosa a recordar a Haya de la Torre, o cuando me dijo tú sabes que en Roma hay una iglesia donde hay una capilla dedicada a los santos peruanos, y me llevó a Santa Maria Sopra Minerva, cerca del Pantheom, edificio de la Roma antigua, donde está sepultada Santa Catalina de Siena, y Frá Angélico, y había una bellísima estatua de un Cristo distinto a los demás, no crucificado, el dolido de la tradición hispánico-latinoamericana, sino efébico, más parecido a una estatua griega, con una cruz en el brazo, parecido a un Cristo resucitado, hecho por Miguel Angel. Y Víctor Raúl me llevó y me lo enseñó, y también una capilla donde están Santa Rosa de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo, San Martín de Porres, San Juan Masías y una hermosa bandera peruana. Ese es otro lugar permanentemente de mis peregrinaciones romanas. Victor Raúl era un hombre de gran fe religiosa. Yo doy testimonio de ello, y de su devoción inmensa por Juan XXIII, el Papa Bueno. LAG.- Muchas Gracias Dr. Roca. CR.- A ustedes queridos amigos.


Carlos Roca le hace entrega al Papa del Antiimperialismo y el APRA, ciudad del Vaticano, 10-6-85

30 de enero de 2009

Errores y Enredos del Codigo Da Vinci

Errores y Enredos del Codigo Da Vinci

Por: Hugo Vallenas
2005

En la prensa, en la internet y también de puerta en puerta se habla y se habla de la novela El código Da Vinci. ¿Por qué no discutir el tema también nosotros?

1-El novelista y su método

La novela El código Da Vinci del estadounidense Dan Brown, fue publicada el 2003. Es una novela de misterio que relaciona un homicidio con una trama de conspiraciones secretas religiosas. Los protagonistas van descubriendo, con riesgo de sus vidas, lo que serían «secretos terribles» de la historia del cristianismo y la iglesia católica.

Aunque sólo es una historia de ficción, mucha gente toma el libro muy en serio. Esto se debe a que los personajes hacen conjeturas sobre diversos datos históricos consultando documentos que para ellos serían muy confiables. El autor, en los pasajes en que desarrolla su relato, en ningún momento confirma lo que dicen sus personajes. Pero el lector desprevenido toma toda esa información por cierta. En el periodismo este recurso es conocido como amalgama subliminal y es propio de publicistas inescrupulosos. Un verdadero escritor no tira la piedra y esconde la mano detrás de sus personajes. Nos dice claramente lo que piensa y lo que quiere que creamos.

Dan Brown igualmente abusa de la regla de credibilidad que debe imperar en toda narración, por imaginativa que sea. Las novelas desarrollan una historia ficticia, que puede ser fantasiosa y hasta mágica, pero sin abandonar una ética básica de respeto por la verdad. De lo contrario la literatura toma un rumbo delictivo. Por ejemplo, una novela sobre Santa Rosa de Lima de seguro incluirá milagros y trances espirituales, pero no puede decir que era chilena, judía conversa y descendiente de Huayna Cápac. Un verdadero novelista no puede faltar a la verdad, por más derecho a la ficción que tenga.

2-Lo que propone El Código Da Vinci

Ahora bien, Dan Brown abusa terriblemente de la buena fe de sus lectores al tirar la piedra y esconder la mano sobre temas que son muy serios y delicados. Los aspectos históricos relacionados con la fundación de las iglesias (católica, musulmana, judía, budista, etc) afectan la identidad y los sentimientos esenciales de grandes colectividades humanas. Y Jesús de Nazareth, seamos creyentes o no, visto históricamente, merece respeto. Murió por sus ideas, fundando la primera iglesia que no excluyó a los hombres según raza, nacionalidad, clase social o sexo y predicó la paz universal.

Por mal informados que estemos sobre la historia del cristianismo, tiene que sabernos a vulgar sensacionalismo que un autor pretenda hacer creer a sus lectores proposiciones como las siguientes:
–Que la iglesia cristiana primitiva nunca consideró a Jesús divino ni «hijo de Dios» y que la historia de la crucifixión, tal como la conocemos, fue un invento del emperador Constantino y el Concilio de Nicea (en el año 325), que incluyó alterar, suprimir o reescribir los evangelios.
–Que María Magdalena y Jesús se casaron, se establecieron en el sur de Francia y tuvieron una hija, de la que descienden los reyes merovingios.
–Que el Santo Grial, es decir, la copa de Jesús en la última cena, que también habría servido para recoger su sangre en la cruz, era en verdad el nombre en «código» del vientre de María Magdalena.

A partir de estas afirmaciones se añaden otras, relacionadas con la orden medieval de los caballeros templarios. Esta orden religiosa-militar de la época de las Cruzadas habría preservado los indicios sobre la verdadera historia de Jesús. Una organización secreta que existe en la actualidad, llamada Priorato de Sión, presunta heredera de los secretos de los caballeros templarios, a la que habría pertenecido Leonardo Da Vinci, conservaría las pruebas de todo esto.

3-Las fuentes consultadas por el novelista

Muchos lectores de la novela suponen que sus atrevidas afirmaciones se basaron en una seria y documentada investigación histórica. No es así. A lo largo de la novela, los personajes van mencionando sus fuentes. Son libros conocidos, que son motivo de broma entre los académicos. Que los personajes de El código Da Vinci los mencionen con solemnidad constituye una mofa del autor hacia sus lectores. Es como si en una biografía de Einstein el sabio alemán escogiera de su biblioteca un libro llamado Sea un seductor irresistible en 10 lecciones, lo mirara con recogimiento y dijera: «Debo a estas páginas mi teoría de la relatividad».

Los libros citados por Brown son, en primer lugar, un libelo feminista irresponsable: The Gnostic Gospels de Elaine Pagels; otro es una arbitraria recopilación de referencias mitológicas: The Woman’s Encyclopedia of Myths and Secrets by Barbara G. Walker. Los demás son textos sensacionalistas muy apreciados por los aficionados a lo esotérico en los supermercados: The Templar Revelation: Secret Guardians of the True Identity of Christ de Lynn Picknett y Clive Prince; Holy Blood, Holy Grail de Michael Baigent, Richard Leigh, and Henry Lincoln; y The Goddess in the Gospels: Reclaiming the Sacred Feminine and The Woman with the Alabaster Jar: Mary Magdalen and the Holy Grail, de Margaret Starbird. Todos estos libros carecen de base científica o bibliográfica respetable.

En base a los libros The Gnostic Gospels; Holy Blood, Holy Grail; y Templar Revelation, el novelista pone en boca de sus personajes la historia sobre la falsificación de los evangelios y que Jesús que no era un humilde carpintero sino un robusto y afortunado teólogo que proclamaba ser descendiente del rey David, mientras María Magdalena, su esposa, era una rica descendiente del patriarca Benjamín.

Sobre todo esto sobran las evidencias en contra. Los evangelios canónicos fueron escritos entre los años 50 y 70 (el de Mateo fue escrito en arameo el año 58 y el de Lucas en griego en el 70). Todas las transcripciones conocidas, incluidos los más antiguos fragmentos, coinciden textualmente con aquellos posteriores a Constantino. Y tienen el mismo mensaje: Jesús es presentado como el Mesías, el hijo de Dios y el Redentor. Las cartas apostólicas de San Pablo, que son más antiguas que los evangelios (la de los Corintios y la de los Filipenses datan del año 53), propagan los mismo artículos de fe.

Es también un hecho sabido que en el Concilio de Nicea (año 325), la secta de los arrianos, que pregonó la estricta humanidad de Jesús, es decir que Jesús «no era igual ni consustancial respecto al padre» (omousios), surgió recién allí contra la iglesia antigua que lo consideraba Hijo de Dios. No fue al revés. Y no hay evidencia de ninguna secta que haya defendido en el pasado la historia del matrimonio y la jubilación francesas de Jesús y Magdalena.

De Holy Blood, Holy Grail, Brown ha extraído la idea de que el término grail (grial), es la quiebra del término francés medieval sangraal (Santo Grial) en sang (sangre) y raal (royal). Sangraal sería la palabra «en código» para referirse a la «sangre» o descendencia europea de Jesús. Dicha teoría se equivoca respecto a cuándo y dónde se hablada esa forma de francés antiguo y respecto a la época en que se habría dado la mítica búsqueda del Santo Grial.

Del libro Templar Revelation, Brown deriva la idea de que los templarios eran una sociedad secreta que custodiaba el conocimiento de la verdadera misión de Jesús y los secretos de la construcción de catedrales y la simbología cósmica. Es imposible que los toscos y modestos caballeros templarios hayan sido portadores de extrañas filosofías que se remontarían a la época de las pirámides en Egipto.

Brown deriva de los libros The Woman’s Encyclopedia of Myths and Secrets y The Templar Revelation que las catedrales góticas eran representaciones ocultas de la matriz de una deidad femenina pagana, y que la entrada al templo representaba la vulva (incluido el clítoris). Dice el autor en sus propias palabras (es algo tan traído de los pelos que hay que citarlo): «(The) cathedral’s long hollow nave (was) a secret tribute to a woman’s womb...complete with receding labial ridges and a nice little cinquefoil clitoris above the doorway».

No hay ningún misterio en el diseño de las catedrales. El plano de las iglesias cristianas representa una cruz y la redondez de las naves rememora el santo sepulcro. Las iglesias románicas más antiguas, sin templarios de por medio, tenían el mismo esquema básico. Bajo el punto de vista de El código da Vinci, habría que empezar a buscar en las catedrales góticas todo tipo de similitudes con el cuerpo femenino, cuyo interior y fisiología, para ser exactos, no eran conocidos ni por los científicos hasta el siglo XVIII.

4-Errores y enredos del autor

Las divagaciones sobre los mensajes secretos en la obra de Da Vinci son igualmente absurdas. El personaje que, representando a San Juan, se inclina sobre el hombro de Jesús en La última cena es la imagen de un joven afeminado presente en otras pinturas y dibujos (se conoce su nombre y las relaciones que tuvo con el pintor) y no María Magdalena. Es igualmente bien sabido que el célebre retrato Mona Lisa representa a un personaje real, Madonna Lisa, esposa de Francesco di Bartolomeo del Giocondo y no a una imagen andrógina misteriosa. Suponer que Mona Lisa es la conjugación de dos divinidades de la fertilidad del antiguo Egipto –Amón y L’Isa (Isis en italiano, según el autor)– es una extravagancia que hace recordar cuando los detractores de los Beatles encontraban mensajes secretos tocando sus discos al revés o reuniendo las letras iniciales de los títulos (como LSD por «Lucy in the Sky with Diamonds»).

Es extraño que Brown no haya incluido en su libro otra teoría del libro The Templar Revelation: la que supone que el sudario de Turín es un autorretrato fotográfico primitivo del propio Da Vinci desnudo.

Otra mofa del autor hacia sus lectores es la mención al Priorato de Sión, pequeña organización reconocida por el gobierno francés en 1956, que sin pena ni gloria dice ser heredera de «los secretos» de templarios. Estuvo temporalmente en sus filas el controversial artista Jean Cocteau, pero no ha podido demostrar una antigüedad anterior a la II Guerra Mundial ni mucho menos que fue internacional y tuvo entre sus afiliados a Da Vinci, Isaac Newton y Victor Hugo. Es muy posible que ni sus propios integrantes se tomen muy en serio a sí mismos.

Conclusión

No podemos oponernos a que este libro se lea pero sí debemos advertir sobre su trasfondo mal intencionado y la sucesión de trampas y engaños que perpetra contra la buena fe de los lectores. Para ahondar en este tema (y practicar el inglés), se puede consultar en internet:

Dismantling The Da Vinci Code By Sandra Miesel
www.crisismagazine.com/september2003/feature1.htm

Decoding The Da Vinci Code
Michael Gleghorn
http://www.probe.org/docs/davinci.html

Cuando el antiaprismo se convierte en antiperiodismo, Sr. Hildebrandt

Cuando el antiaprismo se convierte en antiperiodismo, Sr. Hildebrandt


Escribe: Rocío Valencia H.

Lima, 27 de enero del 2007

El artículo del señor Hildebrandt en La Primera del 13 de este mes no es un artículo en torno a la pena de muerte. A juzgar por el título: “Enamorado de la muerte” es otra más de sus sornas antiapristas. Un panfletín de opinión en el cual una vez más el periodista manipula la historia con el único propósito de insultar al presidente García Pérez y de criticar su gobierno mientras intenta ensuciar con insinuaciones crueles la historia heroica y sacrificada del pueblo aprista peruano. A esta actividad se dedica el señor Hildebrandt desde hace ya casi tres décadas. Una obsesión fanática que ha ido en aumento desde el triunfo del partido aprista en el 2006. Mucha tinta negra ha corrido ya, financiada por los dos grupos extremistas que más temen que el pueblo peruano conozca la verdad acerca del pensamiento hayadelatorriano y la historia del APRA: la extrema derecha cuyo interés es defender los intereses económicos de una clase y la izquierda atea y marxista sin verdadero arraigo en el corazón del pueblo peruano que ve al APRA con celo y envidia. Habría que preguntarse para cual de los dos trabaja el señor Hildebrandt.

Haya de la Torre es grande entre otras cosas por haber propugnado siempre el perdón de sus adversarios a quienes se negó tajantemente a llamar enemigos y prefirió llamar simplemente oponentes políticos. El partido aprista no dio jamás orden alguna de asesinar a nadie ya que Haya de la Torre fue por encima de todo, un político, en toda la magnitud y sentido de esta palabra. Los agravios, amenazas, ofertas de puestos públicos de parte de presidentes que no comulgaban con sus ideas políticas como Leguía pronto se convirtieron en torturas, encarcelamientos arbitrarios y oprobiosas matanzas que violaban todos los derechos humanos bajo regímenes como el del Gral. Sánchez Cerro (1931-1933) sucedido por el del Gral. Benavides (1933-1939). Sin embargo nunca nada de esto quebrantó, ni siquiera por un segundo su credo en la paz y en la negociación civilizada. “Ni venganza, ni amenaza están inscritas en las banderas del aprismo: solo queremos y realizaremos justicia” declararía el jefe del aprismo el 8 de octubre de 1931, cuatro días después del atentado que sufriera el local central de su joven partido en Lima, en manos de un grupo del partido civilista durante la campaña presidencial de 1931.

La revolución de Trujillo de julio de 1932 es tal vez el más claro ejemplo de cuán lejos podía llegar la crueldad sádica de este régimen del terror civilista dueño de nuestra joven república con tal de aplastar las voces de compatriotas que se sublevaban en pos de la justicia social y de una democracia real. La valentía alegre y piadosa con la que estos 44 peruanos entregaron sus pechos desnudos al fusil en Chan-Chan, con el brazo izquierda en alto y al son de la marsellesa aprista sólo es comparable al martirio de los primeros cristianos en la Roma de los primeros siglos después de Cristo. Con la paz y la tranquilidad que entrega su vida quien sabe que tiene las manos limpias, el corazón puro y la fe puesta en un Dios que hará justicia y limpiará con la luz de la verdad la infamia humana más allá de esta vida. 4,000 apristas fueron masacrados en la revolución de Trujillo. Revolución espontánea que fue un grito de protesta contra los asesinatos de campesinos inocentes en los fundos de Paiján y Chocope días antes de la toma del poder del Gral. Sánchez Cerro por militares. Fue un rotundo no al fraude electoral de diciembre de 1931 y al atentado de asesinar a Víctor Raúl en Trujillo el 24 de diciembre de 1931. La revolución fue también un acto de valentía cívica para detener el atropello de este régimen sancho-civilista contra la democracia. El 17 de febrero habían sido detenidos por tropas armadas en la propia sala de sesiones del Congreso 23 de los 27 integrantes de la célula aprista. El 6 de mayo había sido detenido y encarcelado Víctor Raúl en Lima cuya vida planeaban cegar para siempre los tiranos. El 8 de julio fue bombardeado cobardemente, el pueblo trujillano que acudía en masa a los funerales de los caídos en el combate del cuartel O’Donovan.

Tal y como lo recuerda el Dr. Luis Alberto Sánchez, tres veces rector universitario de San Marcos, historiador, profesor y estadista en su libro Haya de la Torre o El Político: “El gran esfuerzo (para el APRA) de aquellos días era refrenar a las masas y conducirlas a la lucha legal” (1) Pueblos como el de Trujillo y el de Huaraz que se sublevó contra la tiranía en agosto de 1932 son orgullo de nuestra recién adquirida democracia que ojalá nuestro Congreso algún día muy cercano decida honrar declarando las fechas feriado nacional.

En cuanto al asesinato de los esposos Miro Quesada en 1935, el señor Hildebrandt debe saber mejor que nadie que se trató de un acto deplorable que obedeció a la iniciativa aislada de un joven que nada tenía que ver con la dirigencia del partido que se encontraba en la clandestinidad, detenida o deportada. Si era aprista nominalmente o no es algo muy discutible, no había entendido lo fundamental de la moral aprista que consiste en jamás tomar la venganza en sus manos. Se trató de un peruano en desacuerdo contra la campaña vil lanzada por El Comercio, órgano de prensa del civilismo contra la persona de Víctor Raúl Haya de la Torre y contra los miles de afiliados con los que contaba su partido. El APRA ha sido el primer partido de masas fundado en el Perú y uno de los primeros en América Latina. Como tal es irreal esperar que pudiera controlar los movimientos de cada uno de sus más desbocados seguidores. Sin embargo el diario El Comercio siempre presto a defender los intereses del poder económico de turno lleva ya cerca de noventa años, desde los incidentes de la reforma universitaria en 1919 tratando de asesinar políticamente la figura de Haya de la Torre, aunque en los últimos años se haya resignado a contrarrestarla patrocinando la distribución de novelitas difamatorias escritas por terceros. Estamos en el 2007 y aún no lo consigue. ¿Será que el señor Hildebrandt utilizando hechos adornados de omisiones históricas e interpretaciones falaces consigue tapar la verdad con un dedo?

Los peruanos estamos ya hastiados de abrir periódicos donde al leer el editorial suenan ya los acordes negativos, la crítica corrosiva, la falta de respeto al gobierno de turno y el vergonzoso ataque personal. Abuso verbal contra el adversario político en lugar de invitación al diálogo y al debate. Injuria, difamación y fijación paranoica en los traspiés del pasado en lugar de un análisis constructivo que motive al ciudadano a involucrarse en la construcción de una nueva patria. Y lo más deplorable de todo el ataque personal porque demuestra debilidad moral y la falta total de argumentos. El Código Deontológico de la Profesión Periodística Español, que sirve como modelo para nuestro país, en su Articulo 7, parte “C” dice que el Periodista debe: “con carácter general, evitar expresiones o testimonios vejatorios o lesivos para la condición personal de los individuos y su integridad física y moral”.

Basta pues al periodismo del odio, del insulto cruel al servicio de un grupúsculo que intenta aniquilar del escenario político al oponente. Somos todos peruanos, todos queremos que la sociedad avance que la pobreza disminuya, que el terror no vuelva. Solo discrepamos en las políticas. Si el periodismo solo sirve para satanizar al adversario y ahondar aún mas la brecha que separa a los peruanos, entonces no es un periodismo útil para el país, ni para la sociedad. Estamos frente a un auténtico dragón que escupe vituperios y sirve de acicate a la aún latente ideología del terror. Vivimos épocas urgentes en las cuales el periodismo debe cumplir a carta cabal su primer compromiso que es el de respetar la verdad e informar con veracidad para así enriquecer constructivamente el debate entre ciudadanos responsables.

(1) Luis Alberto Sánchez, Haya de la Torre o el Político, p. 205

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Enamorado de la muerte

por: César Hildebrandt

DIARIO LA PRIMERA - 13/1/07

El doctor Alan García está enamorado de la muerte. Ahora dice que, aunque sea solo, luchará por imponer la pena capital a los violadores y a los terroristas. Lo que no dice es que él ya aplicó la pena de muerte informal a 261 terroristas rendidos y esgrimiendo trapos blancos. Él era el comandante supremo de las Fuerzas Armadas cuando éstas decidieron poner en práctica la doctrina de tierra arrasada que fundara años atrás el generalísimo Clemente Noel Moral, el que le echó gasolina a la hoguera de Ayacucho.

> García fue el autor intelectual y Mantilla –la bisagra con el montesinismo de aquel entonces y el de ahora– el veedor, ¿recuerdan?

> En cuanto a que "aunque sea solo", se trata de otra mentira salida de ese géiser de mentiras que es muchas veces la boca del señor presidente constitucional de la República. Él sabe que la mayoría de la gente está con la pena de muerte, que a las multitudes que lo escuchan prometiendo cosas se les haría agua la boca si aquí ahorcaran, inyectaran o balearan a los terroristas pescados infraganti (como aquellos de Ayacucho que acaban de soltar después de difamar) y, más aún, a los violadores como el Monstruo de Armendáriz, cuya culpabilidad se decretó por el testimonio de un turronero.

> Es que el doctor García, que necesita su ración de antilitio con urgencia para que la euforia no le haga una mala pasada, interpreta a las muchedumbres hambrientas como nadie. Sólo él puede entender su apetito de muerte, su preferencia por los atajos legales, sus ganas de reproducir la experiencia de Ilave –alcalde lapidado por la justicia popular– a lo largo y ancho del país, como dicen los locutores de Radio Nacional. Sólo él y Lourdes Alcorta, embajadora plenipotenciaria de la muerte, pueden captar la urgencia popular de distraerse como lo hacía el populacho francés cuando lo del Terror. Sólo el doctor García y Giampietri, ese Grau al revés, saben qué es eso de la justicia calibre 7.65 y qué el castigo de Dios con silenciador.

> ¿Qué pasa con el doctor García y la muerte?

> A su partido le fusilaron por la vía del linchamiento uniformado a unos tres mil militantes. Los apristas mataron a 18 militares del cuartel O'Donovan, a Sánchez Cerro, a los esposos Miró Quesada en 1935, a Pancho Graña en el 45 –y hay un pequeño etcétera que permanece en la ambigüedad histórica–.

> ¿Esa es la muerte de la que está enamorado el doctor García? ¿Esa es la levadura de la que emana su discurso? ¿Quiere que recordemos esos años de barbarie, cuando el Apra quería cambiar el país y mataba para lograrlo? ¿Y quiere que lo recordemos hoy, cuando, superado el quinquenio 85-90, el Apra ni mata –felizmente– ni quiere cambiar nada? ¿O será el recuerdo del grupo Rodrigo Franco, el que mató a Saúl Cantoral y estaba dirigido desde el ministerio del Interior con la anuencia presidencial, el que atormenta y aproxima a la idea de la muerte, como si de una pesadilla se tratara, al doctor García?

> Este obseso por la muerte debería preocuparse por la mortalidad infantil, que es una pena de muerte de clase. O de la muerte de los ancianos abandonados, que es una sentencia social. O la muerte lenta de los niños contaminados por el plomo minero, que es un veredicto del sistema. O de la muerte de los tuberculosos que siguen muriendo, lo que es un fallo casi arbitral del ministerio de Salud.

> Tal vez sea que, para tranquilizar su conciencia, el doctor García quisiera ver hecha ley de la república la que fue ley salvaje de sus esbirros en el Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara. ¿Habría así una limpieza retroactiva de su memoria, doctor García?

> La pena de muerte estará siempre asociada a su inutilidad absoluta, a su crueldad siempre posible y a la estadística posibilidad de haber sido impuesta por error, racismo o apresuramiento. La pena de muerte es un asesinato estadual que ensucia el concepto mismo de la autoridad. Y, por último, la pena de muerte siempre será auspiciada por locos, fanáticos y criminales encubiertos de diversa índole.

> Cuando la revolución francesa condenó a Luis XVI a la guillotina, el diputado jacobino Louis Legendre propuso que, luego de la ejecución, el cadáver del monarca fuera dividido en 82 trozos para que cada una de las provincias de la naciente república recibiera el suyo. La moción fue rechazada por excesiva. Como nos lo recuerda Vicente Vega, Legendre había sido un hábil carnicero parisino.

> DIARIO: "LA PRIMERA" - 13/1/07